Thursday, July 08, 2021

GRANDEZA

 


AL HILO DE LAS TABLAS

 

  GRANDEZA

            Una de las mayores grandezas del toreo: Es, saber elegir el momento de su despedida de los públicos y plazas, en las que, durante un tiempo pudo ser, o fue el héroe, que consiguió vencer al toro y convencer al publico.

            Es, posiblemente uno de los momentos más emocionante en la historia del toreo, la despedida, y saber hacerlo en ese punto crucial de la carrera de un torero, no es empresa fácil tomar tal decisión. Tan solo el propio torero, debe encontrar ese punto de equilibrio entre él publico y el toro, y cuando ha de atravesar por ese alambre milagroso sobre los dos abismos.

            El torero, se resiste a una retirada total de los ruedos, al aplauso, a la emoción, a los trofeos, a colgar su terno grana y oro para siempre, a decir adiós a lo que más quiso y amo en su vida, aunque en no pocas ocasiones esa vida estuviese marcada con dolor, injusticia, incomprensión, responsabilidad e incertidumbre. (Si volviera a nacer, seria otra vez torero)- se dice a sí mismo. –Pero; no son pocos los toreros que, incluso, cuando no se les ha echado de menos, y los públicos no lo han demandado, deciden volver. Y: ¡Cuando vuelven de nuevo, ya no es lo mismo!.

Ser gente, en esto del toro, es una extraña y añeja expresión taurina paradójica y reveladora. Porque nadie puede ser de todos. Pero en el toreo, como bien saben los aficionados cabales, siempre hay algún torero que es todos los toreros. Y, aunque este no haya sido figura,  (no es el caso del que hablo) o ídolo de multitudes, se le considera paradigma de lo ideal, arquetipo que raras veces se hace realidad. Son toreros, que no tienen problemas de estilos, son toreros singulares, de íntimos sentimientos, y su sello se imprime directa y plenamente en la gente, pues con ser, les basta y les sobra para estar. En ellos se obra el misterio de ser gente; tal y como ha ocurrido en el caso de Enrique Ponce Martínez.

Relatar esto de un torero, pudiera no parecer extraño, pero si lo es de Ponce, que tras una carrera tan longeva como la suya, no han sido muchos los percances, aunque en ellos si lo tuvo retirado algún tiempo. Ahora ha dicho –por el momento me voy del toro- también se ha ido del entorno intimo familiar, cuando se pensaba que el mismo, y después de tantos años era un matrimonio, sólido y en buena sintonía, parece ser que ya, no era tal. Tiene todo el derecho a plantear su vida como le venga en gana; y a buen seguro  tendrá el tiempo suficiente de reflexión con aquellos que elija.

            "Ponce-ficado" el escalafón: y rebasado los treinta años de su alternativa, volverá en su día para despedirse de sus plazas, y seguidores  y volvería a decir el porqué de semejante apelativo, que servidor -recurriendo a otras épocas de la tauromaquia, a estos toreros se les bautizaba con el que, hay “Papa” en los ruedos-. Por qué; la verdad taurina de los últimos años es que Ponce es la máxima figura del escalafón. Por lo tanto hemos de considerar, su decisión de volver, porque simplemente lo ha querido así, y tomara buena nota, de su momento y lugar. De sobra es sabido, que él público de toros, cualquiera que sea su grado de admiración que haya sentido por una figura consagrada, este mismo público, no tendrá piedad en vapulearlo, si no demuestra con su actitud él porque de su vuelta.

Los negros nubarrones de cualquier tarde, pueden caer sobre el reaparecido entonces los que antaño le aplaudieron con frenesí, comienzan a caer en sentimentalismos, las decepciones sustituyen a las esperanzas y comienzan a sonar silbidos, luego indiferencia, y, en el toro siguiente recriminaciones, insultos, amenazas y gritos de la plebe injusta y cruel.

            Vives un momento, horas, días, meses, años quizá. Cuanto más te resistes a interrumpir tu acción con mayor estruendo acabas. El aplauso es como el perfume de la flor; dura menos que la flor misma. Las despedidas, si no son la apoteosis del adiós de un torero. ¿Qué son?... (Guerrita fue un sabio, Guerrita no se despidió).

 

Fermín González salamancartvaldia.es                      blog taurinerias

 

 

 

 

 

 

Friday, June 25, 2021

DE LA CRÍTICA


 

AL HILO DE LAS TABLAS

DE LA CRÍTICA

La evolución de la Tauromaquia en cuanto a arte, solamente es posible por la interacción de sus protagonistas: el torero, el toro, el público. Pero desde que los medios de comunicación informan de la Fiesta, algo que ocurre regularmente desde el siglo XIX, también podemos considerarlos actores principales de este espectáculo, pues en ellos se encierra gran parte de la memoria colectiva para los que desde la actualidad queremos bucear en el pasado de la Tauromaquia y, fundamentalmente porque influyen en los públicos, y son influidos por estos. Su poder no acaba aquí, ya que el poder de la crítica llega a los toreros, ganaderos y otros allegados. Por eso se puede afirmar que los medios son ese cuarto protagonista de la Fiesta, sin cuyo concurso no podríamos entenderla en su evolución de forma permanente.

En nuestros días, la atención que los medios de comunicación dedican al hecho taurino está condicionada no sólo por las normales limitaciones de espacio y tiempo a los que se enfrentan los soportes informativos tradicionales, sino también por las políticas ideológicas de cada empresa informativa, aunque llegado el ciclo ferial de cada ciudad o pueblo, se manifiestan considerablemente poniendo medios y esfuerzo para testimoniar los principales acontecimientos y los protagonistas de la Fiesta de nuestro tiempo.

Si con el tiempo analizamos el género periodístico, más genuinamente español y típico de esta parcela especializada: la crónica o crítica taurina ha de prestar atención y centrarse en el juego de los toros, la faena del torero y el comportamiento del público, tres elementos imprescindibles a la hora de informar de la Fiesta. Pero por encima de todas estas cosas, hay que tener en cuenta la actitud crítica del comentarista y la fuerza persuasiva de sus crónicas, esto es: la  autoridad de sus conocimientos sobre Tauromaquia; los titulares que encabezan sus reseñas y el léxico y argot taurino que enriquece el texto de su escrito y ayuda a concretar la idea que se quiere transmitir.

Todo ha cambiado tanto, que ahora cuando uno cuenta estas cosas, parece un relato anticuado, que apenas nadie escucha, porque hoy parece que lo sabemos todo, cuando no has tocado ni tan siquiera los símbolos, y solo nos llena de admiración un torero, un personaje, que ha vivido los momentos de los que les hablo, pero no saben más que adularlo, en vez de conocer su historia para quererlo. Ahora ya no hay charlas, coloquios, apenas acuden aficionados a las peñas, enarboladas al amparo del nombre del torero. Y las que quedan, tan solo son bajo el señuelo del premio que van a donar. Son los signos de los tiempos enmarcados en las apariencias, en las orejas cortadas de aquella manera, en posturas fáciles, en las zalameras reseñas, aupadas de desconocimiento, para llevarse bien con todo el mundo. Y así la crítica ha sido desprovista, de valor y conocimiento, ha caído también en el oropel, y sinceramente oyes cosas a tu alrededor que, tienes que mirar hacia otro lado, o, unirte al triunfalismo pueril y desorbitado de un público cuyos cimientos taurinos, están fuera de cobertura, y resquebrajados.

Hay caminos con recorridos emocionantes leyendo historias de hace muchos años, relatos de cuando el periodismo no tenía especial significado y los oíamos por primera vez siguiendo los caminos de la tauromaquia. El caso es que la información taurina se queda demasiadas veces en los análisis, reseñas y crónicas de lo que ocurre en una tarde de toros, y en los análisis técnicos de la lidia, en los estallidos de orgullo partidista o en interminables rumores. Pero cuando el acto es como todas las actividades con sus grandezas, pasiones y miserias, en muchos casos no deja, que en tan escuetos comentarios se suscita sobre la muerte del periodismo, y creo sin embargo, que deberíamos distinguir entre los medios prisioneros de lograr mayor audiencia con refinadas reseñas, cebos aparentones y los que aun revelan historias auténticas, o, imaginativas, algo más elocuente e inteligente que nos devuelva al terreno de la realidad humana más allá de los fogonazos y las conveniencias del momento. El resto son – cantares de taberna, que diría Lagartijo-.

 

                Fermín González salamancartvaldia.es              blog taurinerías

Monday, April 05, 2021

MOZO DE ESPADAS


 

AL HILO DE LAS TABLAS

MOZO DE ESPADAS

            En la profesión taurina existe una gran variedad de categorías. Una de las más modestas la constituyen los mozos de estoques. Estos hombres suelen pasar inadvertidos, lo que no quiere decir que no cumplan, dentro de su peculiar esfera, con un cometido importante, mucho más importante de lo que mucha gente supone. Ellos son los que mueven silenciosamente muchos hilos que salvo casos extremos, permanecen en el anonimato de los públicos.

            En tiempos anteriores, conocíamos a muchos de estos servidores de celebres toreros, que supieron compartir con ellos durante largos años las penas y alegrías de la profesión taurina.

            Todo mozo de estoques que figuraba en la plantilla de personal de un torero  más o menos “monstruo” tenia que conocer al dedillo, horas de trenes, distancias, tarifas, facturación equipajes, así como ingresos y gastos, trato con incondicionales del torero, invitaciones etc. Todo un relaciones publicas que además velaba el descanso del maestro y mantenía su ropa limpia y dispuesta para la prolija tarea de vestir a su jefe. Guardián  de las espadas o estoques, lo veréis por el callejón correr silenciosamente, para estar en todo momento a prestar su servicio. Fija siempre la mirada en su matador, reflejan en sus semblantes los avatares de la lidia, y en los instantes dramáticos de la cogida, muchas veces los vimos saltar la barrera para defender la vida del torero.

            Es muy cierto, que para los toreros, el cuarto del hotel de cualquier ciudad donde tengan que alternar, se convierta a su llegada, en morada, despacho, comedor, capilla etc. Esas habitaciones de hotel, son testigos de descanso, relax, desnudez y complicidad de los toreros. Entre esas paredes, miradas al espejo y observando la ciudad  ensimismados en sus pensamientos a través de los cortinajes de las ventanas, pasan como digo, los toreros las horas, antes de que el mozo de espadas que vigilara su descanso, tras servirle una liviana comida, será el único autorizado para alterar su sueño, los nudillos de su escudero golpeando suavemente la puerta del cuarto, le dirá...”Maestro la hora”. Desentumeciéndose bajo la ducha, comenzara la liturgia; en la silla descansa el vestido de luces elegido, y el ritual de siempre, enfundarse el terno, orar en su capilla ambulante, darse valor y expulsar sus miedos. Todo justo, en orden, puntual. Una vez terminado ese primer pasaje, aunque cotidiano de cada tarde, recoge su capotillo y su montera, y firme con la mirada al frente, se dice: ¡…Vamos pá la plaza, y haber que pasa…!

            Salvo percance serio, el torero volverá a su cuarto de hotel, su humor y estado de ánimo dependerá del fruto obtenido ante sus toros, pero ya no estará solo en su habitación, y con aquellos que le acompañan, dará rienda suelta a cuanto aconteció en la plaza. Se de algún torero, que se ha quitado el traje a estirones, con rabia, porque la tarde fue aciaga y él no fue capaz de solventar, o malogro todo con la espada, o bien esa tarde estuvo parco, diluido, perdido. Y también se de alguno, que se ha sentado en la cama vestido y ha tardado horas en desvestirse. De lo torero y triunfal que se había sentido. De todo esto, son mudos testigos las paredes de ese cuarto de hotel. Mañana será otra ciudad, otro vestido, otro olor distinto. Pero ni dejara de ser ese “chiquero”, que al igual que su oponente el toro, también horas antes se encuentra recluido.

 

 

                        Fermín González. Salamancartvaldia.es       blog taurinerías

Wednesday, March 03, 2021

HISTORIA CULTURAL TAURINA EN CATALUÑA

 

 

AL HILO DE LAS TABLAS

 HISTORIA CULTURAL TAURINA EN CATALUÑA

 Barcelona, verdadero emporio de España, perla del Mediterráneo como la titulan sus cronistas, grandiosa en todas sus manifestaciones tanto artísticas y literarias como industriales y mercantiles, no podía dejar de serlo en lo que al espectáculo taurino se refiere, siendo de ello pruebas patentes la esbelta Plaza que con el nombre de «Arenas de Barcelona» existe; -transformada en su interior pero manteniendo su arquitectura-una joya que, heredan del paso de la misma por la tauromaquia; la prensa taurina compuesta de inteligentes críticos cuyas atinadas e imparciales reseñas fueron el fiel reflejo de aquellas fiestas, la afición del público que acudía a las corridas demostrando siempre  sensatez, y cultura. Para mí,- humilde comentarista- no podían pasar desapercibidas tan elocuentes manifestaciones; del pueblo catalán por el mundo de los toros, y queriendo contribuir con mi grano de arena, que encierra a si mismo, una profunda admiración y verdadero entusiasmo por Barcelona, en cuyos habitantes reconozco dotes de inteligencia y actividad no comunes a todos los pueblos. Como ciertos trabajos no se improvisan, mucho más si con la estadística se relacionan, para formarlo, he consultado las revistas publicadas, completando los datos con informaciones particulares acerca del desarrollo que la fiesta llamada Nacional ha tenido en Barcelona.

 En la contienda literaria habida entre los apologistas y los detractores de las corridas de toros, se han mantenido  los últimos, apoyados por unas docenas de políticos manipuladores de todo aquello que tenga raíces españolas, y que no pueden evitar; una falsa argumentación íntimamente relacionada con la Ciudad Condal. Presentando con verdadera magnitud la barbarie del espectáculo, han expuesto, que el pueblo catalán alejado en absoluto y refractario de las costumbres de España, dando una prueba de cultura y adelanto, había sido siempre opuesto a la celebración de corridas en su demarcación. Tan peregrino argumento está rebatido con la enumeración de hechos históricos: en primer término, el pueblo catalán nunca fue dado a  esa separación del resto de España que por muchos se imagina y su cortesía y afabilidad las enumera ya el inmortal Cervantes cuando al tratar de aquél, dice «que es archivo de cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres y correspondencia  grata de firmes amistades», y por si tan elocuente testimonio no bastara, lo es muy significativo el trato especial del catalán con el forastero que a Barcelona acude… ¡Que las corridas de toros han tenido siempre en Cataluña la favorable acogida que en el resto de España, lo demuestran multitud de hechos de los que sólo he de mencionar los más importantes!... El Conde de las Navas, en su interesante obra. El espectáculo más Nacional, queriendo rebatir a un apasionado detractor de las corridas de toros el señor Vargas y Ponce, cita el dato de haber reprendido el ¡monarca visigodo Sisebuto al obispo de Barcelona, Eusebio, por su desmedida afición a las lides taurinas, dato que inserta en su España Sagrada, tomo VII, pág. 326, el Padre Flores, y que está confirmado por el erudito académico señor Hinojosa. Caballerías catalán Tirant lo Blanch, compuesto en el siglo XV, se mencionan corridas de toros,  y, a la posteridad ha pasado el famoso corre bou el día de San Juan. En 1554,  se celebran corridas de toros en Barcelona organizadas por el Virrey don Perafan de Ribera: en 1601 y 1629, tienen lugar dos corridas Reales; en 1733, se dan corridas en Reus con toros traídos de Egea en celebración de haber extendido ¡Clemente XII el rezo de San Bernardo a la diócesis de Tarragona; y por último, en 1754, el Marqués de la Mina organiza también dos corridas de toros con motivo de la dedicación del templo de la Barceloneta.

En años posteriores, el inteligente crítico señor Carmena y Millán, al tratar del Periodismo taurino, consigna el hecho de existir en Barcelona 24 revistas ocupando esta población el tercer lugar después de Sevilla y Madrid que figuran con 97 y 56 respectivamente. El arte tipográfico ha cooperado también a la propaganda de las corridas de toros, como lo prueban los excelentes trabajos hechos por Tasso, Miralles, Thomas y Lucena. También en el |teatro catalán tiene su representación la fiesta taurina con la chistosa comedia Toreros  de invierno, del ingenioso escritor señor Ferrer y Codina.  El entusiasmo que reina por dicho espectáculo, lo prueban la tentativa en 1897 de fundar en Beti-Jai una escuela taurina y la formación de diversas cuadrillas de señoritas toreras, entre ellas la organizada por el inteligente aficionado señor Armengol, a cuyo frente figuraban Lolita y Angelita con el general aplauso de cuantos públicos presenciaron su trabajo tanto en España como en los países de América. La afición se ha mostrado siempre latente en la antigua plaza de la Barceloneta construida en el año 1834 y hecha de fábrica en 1887, y por último, ha llegado a tener grandiosa manifestación con la moderna plaza de las Arenas, circo taurino quizás el más hermoso de España. A la que se sumó la Monumental barcelonesa, cuna de la tauromaquia en España, con una identidad y reconocimiento, superior dentro del mundo taurino, unido a su  arte, al valor a la historia y, al simbolismo español. Bastante más pudiera aducirse, pero lo consignado es suficiente para demostrar que las corridas de toros en Barcelona, es fiesta arraigada y admitida con beneplácito desde remotos tiempos. Claro que; muchos se suben a las tribunas con el fin de argumentar cultura, apelando a sus más profundas raíces históricas, y  demuestran un vacío, y total desconocimiento… Allá ellos tu…


 

                Fermín González Salamancartvaldia.es              (blog taurinerias)

Thursday, February 11, 2021

EH...EH... TORITO MIRAME

 


AL HILO DE LAS TABLAS

¡EH…EH… TORITO MIRAME!

           

Por el titular del artículo, habrán comprobado los lectores aficionados, que me refiero al grito que, a manera de incitación suelen dar algunos toreros para provocar u obligar al toro a que se arranque al señuelo de la muleta. Antiguamente el grito era de ¡toro! ¡ju!, y el toro generalmente acudía. Pero, no eran pocas las veces que al toro le decían  ju…, hasta ¡ja... ja… ja! Y hasta troncharse de risa, sin que el manso acudiese al cite, ante la insistente llamada. Todas las formas de llamar a los toros, se extienden por el escalafón, hasta que salio otro que trajo el “¡mira toro mira…!, grito que también fue degenerando y ahora la llamada se ha acortado, en el “¡ira toro ira…!.

            Si uno presta atención, puede observarse y oír a toreros que hablan con los toros, y que la voz de ánimo y con cierto mimo, ayuda al animal a colaborar. Pero, la cosa va mucho más lejos y, ya desde la barrera le comunican al diestro que le hable al toro resueltamente, y este, se aplica a la labor. “¡Anda torito vente…!”. “¡Anda ya valiente…!” y, “zas” el pase. Otros por el contrario son mucho más vehementes y azuzan al cornudo con un “¡venga torito arráncate…!” – te voy a meter un natural que te van a crujir los “guesos”, a veces el animal se niega, y ya hay que acordarse de su madre, o la vaca que te parió, lo normal en estos casos.

            Sin embargo, hay otros observadores, que consideran que eso de vocear según que cosas a la res, no es un detalle de astucia, ni siquiera de valor, sino de todo lo contrario. Porque, la verdad es que hay toreros que se desgañitan llamando a los toros, y en no pocas veces les lanzan agresivos insultos, que más que alegrarles la embestida, parece que quieren espantarlos, faltándoles al respeto.

            Contrariamente, a llamar a los toros y desafiarlo con abaritonada voz, han existido y existen toreros, que incitan al animal con un“Bisbeo” casi imperceptible, como buscando el secreto, la complicidad, y la seducción de la res. Tengo entendido que a Juan Belmonte apenas se le sentía sisear cuando estaba toreando a gusto… Y que sin embargo, le explicaba al toro que clase de muletazo le tenía preparado. O sea toreros de voz baja. Otros se hacen oír hasta fuera de la plaza. “A que sí.”

                        Cuando llega el ultimo tercio de la lidia, y el espada de turno inicia la faena de muleta, desde los burladeros se le va dictando al “maestro” lo que tiene que hacer. Suele ser el peón de confianza y también los de menos confianza, los que sacando la cabeza por la tronera del burladero comienzan: - mu despasito y al toque – así – siempre crusaito – eso es – bieeen... llévale con la muletita plana- bieeen torero – colocao – eso es – vamo a rematar así – quieto parao.

            Segundo acto o tanda de faena: Siempre crusaito – eh – llévale llévale con la muleta – vamo despasito que la esta tomando – eso es – otra vez – bieeen... dale sitio -. Ahora por el izquierdo – hay que hacer lo mismo – mu despasito – sin atacarle – llévalo mu despasito – por debajo – eh – por debajo – bieeen... torero – eso es – toque toque – Cambia por el otro lao – que ya tiene pocos pases – engánchalo adelante y despasito – eso es – crusaito – siempre crusaito – la muletita en la cara – remate remate – vamo a pegárselo – eso es – bieeeen....

            Vamos por la espada: Venga a mata con ganas – eh – también despasito – ábrelo un poquito – pásalo – cámbialo – dáselo – lo tienes que pasa – vamo a matar bien ese toro – vamo a reventarlo.

            Que sea o no el colofón del triunfo, eso ya es otra historia, lo que si le han dado al torero desde el burladero, es toda una lección de lo que ha debido hacer y, otra cosa es que el espada haya hecho oídos sordos de cuantos consejos le eran trasmitidos. Y es que al contrario de otro arte como el teatro, el actor tenia que decir y hacer cuanto le dijera el apuntador desde su burladero.

                       

Fermín González-  salamancarvaldia.es                     blog taurinerías

 

 

 

 

 

 

Monday, January 04, 2021

DE LA CRÍTICA Y CRITICOS

 

AL HILO DE LAS TABLAS

 CRÍTICA Y CRÍTICOS

            La primitiva crítica se limitaba a dar la noticia de que se había celebrado una corrida. Después, empezaron a dar detalles, hasta llegar a aquellas reseñas minuciosas, en las que sin olvidar el nombre, pelo, numero y rasgos físicos de cada toro, adornos del traje de luces, sus nombres o apodos de los toreros y picadores; se precisaban  el numero de puyazos, numero de estocadas o descabellos, así como hacer constar las reacciones del publico, palmas ovación, orejas, pitos o broncas etcétera.... Todo era reseña; aun no había crítica propiamente dicha. El revistero contaba lo que vieron sus ojos; pero no decía esta boca es mía.

            Andando el tiempo el revistero se hizo crítico. Y, sin abandonar el detalle, comenzó a exponer su opinión, muchas veces contrapuesta al público – y muchas veces apasionada – noblemente a pasionada -. Cada uno tenía sus preferencias, y claro alababa lo que se ajustaba a sus preferidos. La critica dio un paso importante y se hicieron compatibles la reseña y la literatura; y el lector se enteraba de lo que había ocurrido en la plaza, y se recreaba artísticamente saboreando la prosa florida y las bellezas del lenguaje, lo mismo empleadas para ensalzar que para censurar. Hoy... (salvando las consabidas excepciones) porque sabemos que las hay, aunque en algunos casos no quieran reconocer (no se pueden medir a todos por el mismo rasero). Es un defecto de la critica actual – o a mi me lo parece – que a los mayores protagonistas de la corrida, se les trata con una excesiva benevolencia, y que muchos escribidores se pierden en un insulso entramado de definiciones y vocablos, con el fin de disimular y disculpar en mayor medida al torero, y se habla de las dificultades del toro, que casi siempre tiene la culpa de que el torero no redondee la faena.; siempre hay una disculpa, el toro, la actitud del publico, el viento, la voltereta, etcétera. El caso es, que en la mayoría de reseñas nos encontramos, que en estas siempre se añade un grado más al orden de méritos alcanzado por el diestro. Y esto no es más que componendas antitaurinas, que se alejan del rigor, la seriedad y honestidad que deben estar bien presentes, de quien ejerza la critica. Porque sucede, que todas las criticas del mundo de los más variados géneros literarios o/y artísticos, ofrecen parecidos ejemplos, pero aplicada al mundo de los toros, hay una forma de polemizar que amenaza con tomar carácter endémico; aquella que se limita a oponer el pasado al presente. Para exaltar los valores modernos del toreo y para defenderles contra los reproches, no siempre injustificados, el camino menos arduo parece ser; el de enviar al “infierno” los tiempos pasados.

            Si, en cambio escucháramos a otros oráculos, mantenedores de la ortodoxia, se opondrían a los primeros, con la exclusiva razón de la época que solo ellos han conocido, divinizando lo de ayer al compararlo con lo de hoy, detalle que hace más confusa la discusión así planteada, y al publico se le cansa con esas controversias más o menos desorbitadas que, en vez de instruirles, terminan resbalando sobre el.

            Las comparaciones históricas, tienen un valor positivo cuando se establecen con inteligencia y serenidad, sin caer en la tentación de emprender a través de ella una cruzada y una polémica demasiado categórica. Lo que conviene analizar ante todo aficionado, es descubrirle,  - que, la critica de toros -, es la verdad de lo que pasa ante nuestros ojos en el ruedo, y en primer termino la realidad del toro, relacionando este último y decisivo detalle con el desarrollo de la lidia. El interes poderoso de la Fiesta, su fuerza y su belleza dan pie a la crítica directa, siempre que sea llevada con seriedad y conocimiento. El hecho de apreciar lo que históricamente encierra de autentico, no es de ningún modo incompatible, ni menos importante, todo lo contrario, la base histórica serán siempre el cimiento de la critica objetiva, dentro –claro esta- de la subjetividad que entraña de por si una corrida de toros.

                       

                                   Fermín González comentarista onda cero radio- Salamanca

 

                       

Friday, December 11, 2020

ESTIRPE GANADERA

 


AL HILO DE LAS TABLAS 

 ESTIRPE GANADERA

No; aunque lo parezca por el título de este artículo, no voy a fatigarles, haciendo un alarde de hallazgos prehistóricos y controversias de historiadores y analistas para situarnos, en lo que es la ganadería brava y su explotación actual, así como los mecanismos de selección, en el que se apoyaron los ganaderos más escrupulosos y tradicionales, hasta llegar a sus herederos, o a los nuevos criadores de reses bravas, ricos de nuevo cuño, pero sin arraigo y tradición.

    Se han perdido los tiempos, en que tener una ganadería de reses bravas, era una afición, un lujo, un capricho caro, antes que un negocio vulgar. Los ganaderos de otras épocas, no tan remotas, tenían el orgullo de los colores de sus divisas, el buen juego de sus toros de bandera. Se producían selecciones, cruces, deshechos etcétera, etcétera... todo ello encaminado al mejoramiento de la bravura, a la producción de un toro de casta y sin defectos para ellos. No era el aspecto económico lo que predominaba, esas cuestiones eran lo de menos. A los ganaderos de los hierros más acreditados, el sostener su prestigio les costaba sus buenos “duros”, incluso alguna fortuna. Pero ese prestigio, era su compensación y su premio, muchos de ellos rivalizaban entre si, poniendo por bandera que, en su finca se criaban los toros de más fortaleza y trapío, que los de su circulo ganadero, con lo cual se establecía cierta competencia entre los mismos, poniendo énfasis, trabajo y dinero en tener la divisa mejor acreditada de las ferias.

     Ahora es otra cosa, se crían toros para el negocio, se piensa más en los números y en los beneficios, antes que en el orgullo, en el nombre, en la categoría. El buen nombre no existe, desde el momento en que muy pocos se fijan ya en ese nombre. Es el debe y el haber el que manda. Sin duda, es el signo de los tiempos que ha cambiado, y por lo tanto es muy legitimo, que las ambiciones de los ganaderos sean en la mayoría de los casos puramente económicas, y que la empresa pague bien, y además que esta ponga sus toros en manos de toreros capaces de cortarles las orejas. Porque a día de hoy es la formula para seguir vendiendo bien sus productos.

Los criadores de reses bravas, los más inteligentes de nuestros ganaderos, conocen a la perfección los secretos de la materia prima de que disponen. La tienen ya tan trabajada, que les permite ser un poco los escultores de su propio ganado. Hace ya buena cantidad de años, uno de estos ganaderos, de los más representativos, se ufanaba y con razón de haber lanzado al mercado el “toro fácil”. Con tan sorprendente invención logro ponerse a la cabeza de los ganaderos, que comenzaron a sentir la humanitaria preocupación de que ellos no iban a contribuir al éxito de los diestros, y que tampoco iban a satisfacer, estimular y divertir a los públicos. Por lo que estos últimos tomaron el rumbo contagioso de tan jactancioso inventor.

      Quiero decir con esto, que hace ya mucho tiempo, la selección se ha orientado en el sentido de buscar en el toro la nobleza y suavidad. Pero el criador se ha pasado de punto y ahora es muy dificil, dar contramarcha y encontrar formulas, tiempo, dinero para inyectar en las ganaderías, aquello que nunca debió perder el toro de lidia, la bravura, la codicia, la furia salvaje, el nervio y el temperamento. Lo argumentaron buenos aficionados, escribidores, acreditados ganaderos y no pocos toreros de raza: El toro fácil, suave, pastueño esta a dos pasos de la mansedumbre. ¿Y también habrá quien diga que la nobleza y suavidad son incompatibles?... Evidentemente no; se trata únicamente de dos cosas que deben estar dosificadas. La nobleza y suavidad han de ser complemento de la bravura, pero nunca esta el complemento de aquellas, podemos decir metafóricamente, que la bravura es el café y la nobleza el azúcar; esta bien que restemos el amargor del puro café, pero no lo trasformemos en un empalagoso jarabe.

            El aficionado, ha de entender que todo gira en torno al toro, desde que nace hasta qué encuentra la muerte, la más brillante para el bello animal, esta entre el aplauso de la multitud y el oro de la tarde a manos de un espada de tronio. Sin embargo se requieren no pocos esfuerzos, no pocos disgustos y muchos  sacrificios por parte del ganadero, aunque este sea de ilustre linaje.-

 

Fermín González- comentarista de Salamancartvaldia.es  blog taurinerías