Thursday, November 14, 2019

FAENAS DE CAMPO


AL HILO DE LAS TABLAS
FAENAS DE CAMPO
            En prácticamente todas las ganaderías de bravo, han comenzado herraderos y tientas, esas labores primitivas, que como bien saben, consisten en primer lugar, grabar con hierro y fuego números y marca de la casa que, distinguirá al animal mientras viva. Hembras y machos tendrán nombre en un bautismo de dolor imprescindible.
            La tienta es la prueba o ensayo, a la que anualmente se somete a las vacas jóvenes, para poder juzgar, casta, nobleza, resistencia o mansedumbre etcétera, con el fin de destinarlas a la reproducción. Del test de selección que haga el ganadero, salen los productos que años después veremos en las plazas -. ¡Y, esa es la cuestión!. Porqué según que ganaderos, su forma y criterios de entender el proceso de selección, sus exigencias, sus asesores, sus caprichos incluso, su tozudez u otros intereses, pueden llevarle a dejar en su finca, lo menos granado e interesante que esa seleccionada vaca puede parir.- Tengo entendido, que años atrás, se enviaban al matadero hasta el 60% de animales probados; hoy no se consiente sacrificar más del 10%. ¿Qué ocurre?, Pues que vale casi todo, y que un gran porcentaje (salvo excepciones, que las hay) se selecciona y se escoge al revés. La vaca que repite, tiene picante, esta encastada y aprieta, se va al matadero. Porque hoy la vaca debe hacer otras cosas, ha de ser suave, dulce, buena para el torero, con poca fiereza y genio, para que sus días no estén contados, sobre todo si en la ganadería, tienta la figura de turno.
            -Para muchos estaré equivocado, al exponer tales argumentos; y es posible que así sea -.No pocos ganaderos han advertido de este peligro, será difícil retornar a los orígenes más puros. Otros seguirán pasando por el rodillo  abusivo para satisfacer intereses comerciales de “taurinos” y virtuosas figuras, que quieren hacer o han hecho ya, una fiesta a su antojo.- Ahora las plazas, se encuentran sin vida, la vida se ha trasladado al campo.
Prácticamente cerradas, todas las plazas de toros. La campaña taurina termino en España y muchos de nuestros matadores marcharan,  para proseguir toreando en las plazas de las ferias Americanas, compartiendo cartel con aquellos toreros y estoqueando toros nativos de aquellas tierras lejanas de habla hispana. Se trata de ferias cortas, donde realmente, salvo algunas plazas de relieve como la del toreo en México,  no cabe esperar novedad importante, ya que los carteles se forman con diestros ya valorizados, que alternan con toreros de aquellas tierras, donde algunos adquirieron más o menos nombradía en los ruedos españoles.
            Comienza el parón taurino, propio de la estación invernal. Son fechas en las que dan comienzo las tareas propias del campo, tanto herraderos, como tientas están en todo su apogeo en las fincas. Todos nos apartamos un poco del mundillo alborotador, que traen consigo las ferias. Así, ahora también nos ocuparemos de repartir los  premios de la campaña torera, en uno y otro punto del territorio ferial taurino.
            Pocas, muy pocas cosas cambian en este conglomerado taurino, donde los comentarios que tienen algún saliente son de poca monta, de pequeño vuelo, de conjeturas, de baja responsabilidad y trascendencia, donde se ponen de manifiesto todos nuestros desencantos, el ninguneo, el ya lo dije yo, y otros etcéteras del mismo estilo. Este paréntesis de la actividad taurina, propio de la estación invernal, (que se nos antoja más que prolongada, sobre todo por estas tierras) - Se dice, que es tiempo de reflexión, de poner orden, sosiego, descanso y recogimiento, de vivir y respirar sin la incertidumbre de la espera. ¿Y será verdad?

            Fermín González  salamancartvaldia.es         blog taurinerías

Thursday, October 10, 2019

VENENO DE AFICIÓN


AL HILO DE LAS TABLAS
VENENO DE AFICIÓN
Cuando uno asiste a charlas, coloquios, tertulias, conferencias y en casi todos los foros y parlamentos taurinos, incluso en amena conversación entre amigos y aficionados, no es raro que aparezca en las mismas por parte de alguno de los comensales, la cita del tiempo, que llevan dentro de esta ”bendita” afición. A cualquiera de ellos le unen los recuerdos y evocan las mocedades, y nada raro por lo tanto oír que: [Comencé a ir a los toros, cuando de chaval me llevaba mi padre, mi tío, mi abuelo etc.].
Servidor, del que nunca hablo, se atreve ahora al cumplir los sesenta años, que comencé a abrir los ojos a esta Fiesta de los toros, que siempre ha creído que era inmortal. Por otro lado debo decir, que a este chaval, no le llevo nadie a la plaza, ni abuelo, ni padre, ni pariente alguno, y no es que sea mérito alguno, ni mucho menos presuma de ello, sencillamente no ocurrió y este hubo de nutrirse entre chicos y amiguetes de barrios de esta ciudad, para marcar a hierro su desmedida y zozobrante afición, es decir me hice adicto a –martillo y cincel-
Arranque por tanto, en la Glorieta en una feria de 1959, había visto ya alguna novillada económica, fiesta de los barrios, de los bomberos etcétera, pero sin mucho énfasis, ni fijación, pero aquel año un “gorrilla”, de mi barrio “la Prospe”, dos horas antes me llevo a la plaza, e iba limpiando las almohadillas, por entonces eran como las de Madrid, allí acurrucado en la bocana de entrada al ruedo, veía el festejo, al  término a recoger las almohadillas, que pesaban un quintal, y alguna pesetilla caía, por el trabajo, luego pase a las botellas de gaseosa, y de otros refrescos, pero para mí lo sublime era ver a aquellos torerazos, faenas, salidas a hombros, cogidas, todo quedaba guardado en mi retina, y todo lo contaba en casa con desbordante ilusión, dibujando con un palillo y un trapo, la faena de la tarde. Porque en aquel tiempo ¿Quién no fue improvisado torero?, cuando se jugaba en la calle, se jugaba al toro. Y, luego como era capaz de contárselo a los vecinos de mi calle, a los chicos y grandes, era una forma de sentirte dentro de la plaza.

Después el transcurrir del tiempo, te vas empapando del toreo, y quedas enganchado a este animal sublime y bravo, a los trajes de luces, a las hazañas de los toreros, y comienzas a tomar cartel por muchos de ellos, por su destreza, por su señorío, su empaque, su valor su gesto, y esos rasgos de personalidad y grandeza, que singularizan a cada uno de ellos, así quedas atrapado. Y sin desvelar muchas de las cosas que hice,  por seguir empapándome de todo aquello, que me sugestionaba, comencé a leer, coleccionar, preguntar, estar al tanto de todo lo que tenía que ver con el toro, matadores, novilleros, figuras destacadas, plazas trofeos ferias ausencias, retiradas, cogidas, vueltas, hasta quien tentaba en invierno en las ganaderías. Todo estaba en la prensa de entonces y en las revistas  el  Ruedo,  Dígame, Fiesta, etcétera, los vericuetos de la tauromaquia se completaban oyendo a  aquellos mayores, que hablaban de todas las calendas ocurridas antes y ahora, a partidarios, y antagonistas, donde se creaba un ambiente discrepante pero en una armonía distinguida.
La afición a las fiestas taurinas, amén de manifestarse en las plazas de toros, constituían después de las corridas y durante la temporada muchas reuniones en cafés y casinos donde se congregaban individuos reducidos en número pero selectos en calidad, para hablar de la fiesta, comentando sus accidentes, juzgando lo bueno y lo malo de las ganaderías y apreciando la capacidad y valor de los lidiadores. No existían apenas peñas o círculos organizados como los hay ahora, donde se juntan los partidarios de determinados diestros.
Los cenáculos de la época eran absolutamente particulares, se componían de aficionados de diferentes gustos y de distintos pareceres en cuanto al mérito de los toreros. Cada uno tenía su preferido y en las discusiones que se suscitaban, defendían lo que estimaban mejor de sus dotes gesto y torería del espada simpatizante.
Había aficionados de total competencia en la materia, que los juicios sobre reses y toreadores los escuchaban con respeto los más acreditados ganaderos y los más afamados ases de la torería que alguna que otra vez hacían acto de presencia y oían sin perder detalle las indicaciones y consejos de aquel tribunal, cuyos fallos gozaban de un razonable prestigio.
Eran reuniones, donde casi todos los asistentes eran de edad madura, por lo tanto habían tenido ocasión de presenciar y dar fe de los contrastados estilos que mantuvieron los gloriosos espadas. Al tiempo que se les concedía a los más viejos cierta autoridad, puesto que sus opiniones se difundían entre los aficionados, sirviéndoles para orientarse en sus observaciones y dictámenes en la plaza. Estas tertulias apenas tienen hoy razón de ser, porque aparte de saberlo todo, hoy no sabemos escuchar, todos somos unos entendidos, aunque luego en la plaza haya un palmaria demostración de ignorancia, de aplaudir con frenesí, y solicitar los trofeos sin tasa ni medida que lo justifique. Convendrán conmigo que hoy a los públicos asistentes les faltan “cimientos taurinos”. Claro que estos son los que más gustan a empresas y toreros. Pasen y vean.-

                Fermín González salamancartvaldia.es         blog taurinerías

Monday, August 12, 2019

CON LA VENIA SEÑOR PRESIDENTE.


AL HILO DE LAS TABLAS

CON LA VENIA SEÑOR PRESIDENTE

            Desde el puesto de costumbre / Sacudió el blanco cendal / Como quien avienta lumbre / Que es de empezar la señal.

            Sabemos todos, que, quien ejerce de presidente, no esta precisamente dentro de las simpatías del publico, de apoderados, de toreros, de ganaderos y en muchas ocasiones de los empresarios. Pero sin embargo, absolutamente todos, sabemos que son necesarios. Son muchos también, los que ignoran, la dificultad que entraña el cargo. No todo es subirse al balcón y con los brazos apoyados en la barandilla, seguir escrutadoramente con la mirada cuanto acontece en el ruedo y en los tendidos... Existe o debe existir una gran responsabilidad, una firme voluntad, y el inquebrantable deseo de hacerlo bien. Servidor entiende, que no es tarea fácil mantener con sus decisiones contentos a unos y a otros.
            Pienso no obstante, que ante esta dificultad reconocida. Un presidente, antes de asomarse a ese “maldito” balcón, debe reflexionar muy bien, sobre la tarea que se dispone a arbitrar y, ante todo debe saber muy bien, cuales son los derechos que debe defender primordialmente, y cuales son, los que no debe tolerar. Y para ello; para que el público confíe en la autoridad que lo representa, debe, sin exageraciones, aplicar aquello que por Ley se le encomienda: El reglamento taurino. Porque este no se pone a salvo sencillamente por conceder la oreja – la primera oreja cuando los pañuelos de la tarde representan mayoría -¿.Por qué si se cumple este articulo no se cumplen también los otros? ¿Por qué si no se cumplen los otros, ha de cumplirse este?
            Señores presidentes, la tarea es ingrata, pero han aceptado libremente tal responsabilidad, y por todo esto han de velar porque la fiesta, no se desbarranque. Ustedes son buenos aficionados... creo yo... Por ello no deben permitir aquellas prácticas antitoreras, que implican fraude, aquel toro inválido, caído, agonizante, lidiado de aquella manera, esa psicosis de triunfalismo desorbitado etcétera. A ustedes como buenos aficionados, no les gusta eso... a mí tampoco. Si podemos aseverar que esto es así. ¡-Por qué en muchos casos sus decisiones, sus comportamientos, sus formas de interpretación, sus balances sobre actuaciones, se salen de ese comportamiento del sentido común y actuar sin complejos y racionalidad!-. Reconozco lo ingrato que supone estar bajo las presiones de cuantos configuran la tarde de toros.- ¡Pero es que señores, algunas cosas son de “Perogrullo”!, no tienen más que tener criterio, y ese sentido común, que muchas veces se hecha en falta, sobre todo cuando fallan los resortes, de la  afición, el conocimiento, la seriedad y el rigor, que junto a una personalidad responsable y decidida debe tener quien arbitra y pone orden en una corrida de toros. ¡Si, ya se que les tienen manía, incluso les odian aquellos a los que se les ha negado la segunda oreja!…. Pero son esos mismos, que muchas tardes se ven con las orejas en la mano, sin haber contraído meritos para tanto despojo… Siendo esto así la mejor demostración es tener una desmedida afición, eso lo protegerá siempre. Y hará que no les tiemble el pulso. Desde ese “maldito balcón”.

            Fermín González salamancartvaldia.es              blog taurinerías

Friday, June 21, 2019

LAS VENTAS MUCHO VIENTO Y DEMASIADO HULE



AL HILO DE LAS TABLAS
EN LAS VENTAS- ¡MUCHO VIENTO Y MUCHO HULE!
           
El toro, es el único que puede convertir un hecho banal en dramático: la iniciativa del hombre tiende a incrementar su intensidad, lo cual tiene su explicación. Se expone cuando se torea, y aún más en momentos cruciales; tal y como ocurrió con Paco Ureña en Madrid, en este recién terminado San Isidro.
            El torero tenia razones sobradas en dicha feria, para no suplantar con temeridad, el valor consciente y el saber. Más todavía; el torero tenía que decirle a Madrid y a su afición Venteña que, es “alguien” en esto, que quería su confianza y su reconocimiento. Y esto fueron argumentos sobrados, para que, ese riesgo tantas veces calculado en muchas otras plazas, en ese momento puntual, el cálculo quedara al margen, para adentrarse en el gesto, el rigor del combate, en la tensión, en regular a voluntad el paso del tiempo y en definitiva emocionar. Paco Ureña, también Roca Rey, Perera, Urdiales,  Miranda, Ferrera Y algunos más  lo sabían, y sabían también, que, con tal disposición no se les iba a escapar el triunfo, como tampoco se le escapa al buen aficionado que se encuentra entre el público, aquel   que no se deja burlar por otras demostraciones que, no fueran expresar el arte, la gallardía y el dominio de sí mismo. Los toreros, aunque para muchos pueda parecer lo contrario son listos, saben que Madrid “duele”, es difícil, caprichoso, variable, exigente e intransigente y distinto muchas tardes. Por eso el triunfo, que todos quieren – para unas u otras razones – está allí -. Y es en esa entrega y disposición donde puede aparecer la cornada imprevisible; es el tributo, el pago al contado con sangre propia. La cornada más o menos grave, es de nuevo el punto de partida de la verdadera carrera. Y cuando se van recobrando las fuerzas y cicatrizan las carnes desgajadas, el torero medita sobre las causas de la cornada. Y de nuevo en la plaza, él publico comprobara cuanto le ha dolido anímicamente y, si el valor no se le fue por el agujero de la herida. Román, G. Caballero, Adame, Ritter, Leal, Escribano, Aguado y el buen subalterno “Pirri” han podido comprobar este sentimiento.
 Servidor, que ya está curtido, y por ende ha visto sin fin de “Isidradas” ha podido comprobar en la que recién ha terminado, que ha sido una feria, con mucha entrega, donde en cada cartel se jugaba una base importante de la temporada, cuando no de la carrera, y en la que hemos descubierto cosas importantes, y comprobado también el estado de algunas ganaderías, en franca decadencia.
Y si hacemos un breve balance hemos de decir que… Ha sido de “mucho hule”… Y mucho viento.
Si recapitulamos sobre la trilogía – parar, templar y mandar -... Por el temple, se manda; por el mando, es posible no moverse. Si somos capaces de observar esto,  veremos cómo surge sencilla y fluidamente el quehacer del torero, que realiza un toreo en perfecta concordancia, con la característica esencial de tener delante a un toro bravo – claro esta -. Luego eso – y nada más que eso, es lo único que se puede llamar toreo, que se nos revela desde aquella época de oro.
Hay unas normas toreras, que por el contrario – no son planchas de grabar el mismo dibujo – sino brújulas orientadoras de muchos caminos, de muchas líneas – unidas en la variedad – por donde el toreo debe discurrir. El toreo, es sencillamente toreo, a secas. Ante el toro en edad, trapío y los otros atributos del toro de lidia. Ellos los toros, son los que ponen y quitan etiquetas. Y, esta sin ir más lejos, es la lección que podemos extraer del gesto de esos toreros, que se han entregado, que ha primado la verdad del toreo, que han sabido asumir la responsabilidad, libremente contraída, y hasta en algunos pasajes, se ha visto entrar en competencia. El caso del torero de Lorca, ha sido un dechado de lo que otros tiempos se llamó vergüenza torera. Sí… aquella que no se vende en “ferretería”. En la arena de la plaza de las Ventas en Madrid, donde el diestro dio todo un curso de bien torear, de entrega, de concentración, de verdad y donde muy pocos toreros, tan solo los elegidos tiene en la historia de la Fiesta su propia tauromaquia, aunque la elegida por él tenga sus limitaciones mínimas, como para pensar en acercarse a la utópica perfección. No obstante el torero saco su amor propio no exento de arte, valor, sabiduría,  por ello no solo triunfo en el coso madrileño sino que, su toreo se desbordo, pese a que los tiempos, no parecían estar con él. Hubo en mi opinión otros  toreros que no se rindieron nunca, Román, Aguado, Leal, Robleño, Simon y algunos más sin dolerse al desánimo, un ejemplo para todos aquellos que forman parte de los  escalafones y, jóvenes aún por llegar, toreros que marcan el palpito de lo que siempre fue la vergüenza torera, asumiendo el gesto, porque el valor de su obra, era más profundo que el resultado. Termino una feria, donde los espadas demostraron una seguridad, una afición y una ambición desmedidos, y a estas cualidades – recetas para cualquier torero -, se unió la humildad y el respeto. Fue por tanto toda una lección magistral de torería, el coso era un asombro, una vibración, una fiesta. Capote y muleta para  los bravos y exigentes toros, hubo de todos, en los medios y desde la naturalidad, trayéndose al toro toreado, para cargarle la suerte y torear donde es debido, ligar… Y al verlo, la cátedra de Madrid se venía abajo. No era para menos… Esto sucede de cuando en cuando…

                        Fermín González Samancartvaldia.es      (blog taurinerías)


                                                                                             

                                                                      

Wednesday, December 12, 2018

ANTONIO- DE RONDA (1932- 1998)



AL HILO DE LAS TABLAS
ANTONIO DE RONDA (1932-1998)
"Solo cuando el hombre haya superado a la muerte y lo imprevisible no exista morirá la Fiesta de Toros y se perderá en el reino de la utopía y el dios mitológico encarnado en el toro de lidia derramará vanamente su sangre en la alcantarilla de un lúgubre matadero de reses”.(Jacques Cousteau)

. Ha pasado ese tiempo en el que todo se va olvidando; todo se va diluyendo y apenas queda  una brizna de memoria. A buen seguro, que las cenizas que ahora hace veinte  años se esparcieron por la plaza de Ronda, han vuelto a germinar en nuevas y minúsculas partículas, y que las mismas flotaran majestuosas, al compás y al aire de arte que rezuman capotes y muletas. Se cumplen esos años, en cuales se dice. ¡Que todo ha desaparecido para siempre ¡¡Y poco o nada queda ya en la memoria!! Servidor, niega la mayor; y pregona que, él Maestro Ordóñez no morirá nunca.
            A quienes muy niños nos hicimos aficionados. Hemos pasado un largísimo capitulo de la historia del torero que nos tocó vivir. Han transcurrido más de cincuenta años una época plagada de torería, pese a que muchos se quejaron de mediocridad, -claro que han sido iluminados que nos los vieron torear-, ya han pasado muchos años,  hoy toreros vivos y otros que nos han ido dejando pero que no podemos olvidar como  Aparicio, Pedrés, Luis Miguel, Manolo González, Rafael Ortega, Manolo Vázquez, Miguelin, Viti, Romero, Paula, Camino, Cordobés, Palomo, Dámaso, Paquirri. Ruiz Miguel,  Espartaco, Capea, Ojeda, Robles,  Ponce, Joselito, entre un ciento más de ellos, pueden dar fe que, sobre todos ellos reino, para unos en activo y para otros retirado, Antonio Ordóñez. Unos le quisieron y otros le odiaron, cada cual tendría sus razones, o como decía aquel compañero de cartel-(“Cuando esta bien me alegro de verle, y cuando esta mal me alegro mucho más”)-.
            Pero es bien cierto, que ningún profesional en tauromaquia, ningún buen aficionado cabal y exigente, negó el rango superior de su arte. Todos toreros antes citados, han tenido y tienen sus peculiaridades, sus distintas personalidades, condiciones originales y estilos, con los que han acreditado torería. Pero Ordóñez llego a tener casi todas las virtudes de estos, y además soberanía, majestuosidad. Alguno llego a decir que. ¡¡Ordoñez  no toreaba. Él, era el toreo!!.
            No quisiera entrar en la antología de su historia torera, esta ya fue reconocida en el momento de su muerte, por todas las plumas significativas de todos los medios. Ahora tan solo la nostalgia del recuerdo, y cuando  va viendo pasar la vida con vertiginosa velocidad, apela uno a los recuerdos más significativos, y aquello que se discutía, en todos los foros taurinos. Hace una veintena que se extinguió el orgullo de Ronda. Quizá fuera mejor así, al menos, no has tenido que asistir a la deplorable función mediática, unida  a la muerte prematura de Carmen, y Belén unido a ese lamentable espectáculo mezclado en un laberinto de pasiones, odios y rencores. Pero olvidemos la mediocridad repugnante. Hoy este  humilde comentarista guardián del tiempo y la historia esta presente para recordar a un torero, a un Maestro. -Y juro que, este si lo fue.-

            Fermín González salamancartvaldia.es          blog taurinerías
           

Wednesday, September 19, 2018

PAÑUELO NARANJA


AL HILO DE LAS TABLAS

PAÑUELO NARANJA

En los distintos foros taurinos, se generaliza cada vez más la opinión, de que el publico aborda demasiado alegremente el tema del indulto, propiciando con su actitud esta fiebre de “indultitis” y clemencias bovinas que alcanza ya, hasta los festivales -.Y raro es el año taurino en estos últimos tiempos, que no aparece una especie de “Pandemia” por el color naranja -. Podría objetarse que la responsabilidad del indulto no es exclusiva del público, pues, a su petición mayoritaria, debe unirse la del diestro a quien haya correspondido la res, y el visto bueno del ganadero. Pero no seamos ingenuos; ni el torero, con su negativa, va a predisponer  en su contra al dueño del toro, ni va a tirar piedras contra su propio tejado dejando escapar la posibilidad de que un indulto confiera a su éxito una mayor repercusión propagandística; aunque bien puede ocurrir, que tal perdón sea en una plaza de escaso peso, y la meritoria o excelsa faena del diestro, se vea desplazada a segundo termino, dando el protagonismo a un toro, que posiblemente no reuniera todas esas características importantes que bien señala el reglamento como excepcionales. El fenómeno debería ser escrupulosamente exigido por el Sr. presidente que se instala en el palco, al cual se le supone, tanto a él como a sus asesores el suficiente conocimiento tanto de la materia taurina como de lo reglamentado. Pero, se da la circunstancia que, muchos palcos donde se alojan las autoridades competentes, o, no, este se encuentra “vacío” de entendederas, de criterio, de conocimiento y de responsabilidad. Y con esta toma de decisiones, de sospechoso tufillo verbeneo se empobrece tan egregio galardón, y al mismo tiempo se pone en solfa a la Fiesta. En cuanto al ganadero, aunque sepa que el animal no reúne condiciones para engrosar su lista de sementales, tampoco le va a hacer ascos a un premio que, siempre redundara en el prestigio de la ganadería. No nos engañemos; en cuanto el publico lo pida mayoritariamente, torero y ganadero se sumaran a la petición, aunque luego ocurra como no en pocas ocasiones; que tras indultar un toro, el matador de turno se acerca a la barrera, le felicita al ganadero, y le añade…¡no se le ocurra echarlo a las vacas!.
         También es de justicia resaltar, la presión que ejercen muchos públicos sobre el palco presidencial, esta llega a ser terrible, y comprendo que algún presidente se vea obligado a lucir el pañuelo naranja aunque solo sea por evitar un altercado de orden público. “A excepción de un puñado de aficionados”, el publico que acude hoy a los toros adolece en grado sumo de desconocimiento del toro y de la lidia”, - no digamos del reglamento -. Y esto unido a una buena dosis esnobismo, esta propiciando un verdadero abuso en la concesión de indultos. El indulto de un  toro constituye un hecho cuya trascendencia excede con creces el simple episodio de euforia que el público pueda vivir en la plaza. Los espectadores deberían tomar conciencia de ello y reservar su petición para aquellos ejemplares, que tengan un excepcional comportamiento que los haga merecedores de tan insólito premio. Si por el contrario, continuamos trivializando con el tema dejándonos llevar por la alegría naranja, no conseguiremos otra cosa que convertir  en ordinaria materia de consumo lo que en esencia, debe constituir el extraordinario reconocimiento de la afición a una excepcional demostración de casta y bravura, y esto es algo que ni abunda en el progreso de la Fiesta, ni a la larga será beneficioso para nadie.-


            Fermín González.- Salamancartvaldia.es

Monday, September 10, 2018

LA GLORIETA 125 AÑOS DESPUES



AL HILO DE LA TABLAS

REMEMBRANZAS DE LA GLORIETA 125 AÑOS DESPUES
                        Pinceladas a su leyenda, a su historia, a su cultura y a sus personajes

            Si, las señas de identidad de Salamanca son sin duda alguna, la piedra dorada que lucen sus monumentos, así como el prestigio de su Universidad etcétera. No es menos cierto, que la encina y el toro que figuran en el escudo de la ciudad, significan nuestro modo de ser, nuestro carácter, nuestra historia y nuestra personalidad. Como complemento a ese reconocimiento fuera de nuestras fronteras, se incorporo hace ahora 125 años de existencia, esta plaza de toros de la Glorieta. Que tiene, si ustedes quieren más proximidad, por cuanto fue diseñada, pagada y construida por hombres, en su mayoría de esta misma ciudad, y, además, en un tiempo extraordinario, de poco más de un año, cuando (creo suponer bien), se trabajaba a “pico y pala”, no habían aparecido aún la maquinaria que hoy podemos contemplar, en cualquier obra por modesta que sea.
Antes de esta Glorieta Salamanca dispuso para las corridas de toros, de otras plazas, una situada por debajo del Campo San Francisco. Una construcción que se inició el 1 de octubre de 1839 y que es inaugurada en las ferias de septiembre del año siguiente. Su construcción es de piedra y madera, adoleciendo desde un principio de falta de seguridad. Las últimas corridas en ella celebradas datan de la Feria de 1861. Se completa el desmantelamiento en 1867, cuando lleva tres años funcionando. La siguiente plaza construida en la Puerta Zamora, (Avenida Mirat) añadiremos que el solar de la plaza del Campo San Francisco, mantuvo sus escombros hasta que los terrenos fueron donados a las Adoratrices. Estos cosos, junto a la Plaza Mayor, esta de modo circunstancial, han sido plazas que demuestran, que el toro forma un eslabón bien engarzado del patrimonio cultural de esta ciudad.
Son los primeros días de octubre de 1891. En las tertulias del café Suizo siguen comentándose las ferias recientes, entonces las corridas de toros eran el alma de las ferias y la plaza de Ramón Solís, tras 25 años de existencia resulta insuficiente con 7,100 localidades. En el corrillo que forman los comerciantes, industriales, ganaderos de más fuste de la ciudad, alguien lanza la pregunta “¿Y por qué no construimos nosotros una plaza nueva? Diez minutos después de echa publica la idea, ya se cuenta con dinero en efectivo, 27,000 duros de inicio, por lo que se nombra una gestora presidida por Fernando Iscar. Y tan rápido se trabaja, que el 4 de febrero de 1892, se firma la escritura de compra de los terrenos y pocos días después, aprobados los proyectos y planos encomendados a Canals, González Domingo y Carmona,- y como señalo al principio- en un año la Glorieta está en pie, la suma  ascendió a 452,193 mil pesetas, aportadas por 213 familias salmantinas por eso la plaza se llamaba – plaza de las doscientas familias-.
Entre las cabezas de esas doscientas familias no hay que buscar rostros de gente llegada de la Universidad, aunque hubiera bastantes universitarios; ni al Cabildo catedralicio, ni parroquias, ni al clero y órdenes religiosas. Queda claro que ahí están los hombres que viven del comercio, de la pequeña industria, de lo artesanal, porque en aquellas calendas, las corridas de toros, no es que fuera su pasión, sino su medio para mejorar los ingresos económicos. Los nombres y apellidos de este condominio accionistas de la Glorieta, aún tienen eco en Salamanca, son sucesores de aquellos que formaron parte de la historia de esta plaza. ¿Qué cómo ha pasado a ser propiedad de la los Chopera? ¿Es algo que muchos me preguntan, y que servidor ignora? ¿Qué debería formar parte del patrimonio de la ciudad, está fuera de toda duda?
Pues bien: ya desde su inauguración, esta plaza tuvo su –aquel – para la historia, y daba el paso  para la anécdota tal como les cuento a continuación..... Para inaugurar la actual plaza de Salamanca fueron anunciadas tres corridas de toros, que habría de celebrase los días 11 –12 – 13 de septiembre del año 1893 con los diestros Mazzantini y Guerrita – mano a mano – los tres días y reses de Lamamié de Clairac de Manuel Bañuelos y del duque de Veragua respectivamente.
Pero herido Guerrita en Murcia el día 7 de aquel mismo mes, y, amparado en el derecho que entonces se arrogaban los matadores de primera fila, designo para que le sustituyesen, a su primo Rafael Bejarano “Torerito”, y a  Antonio Arana “Jarana”, aquel en las dos primeras corridas y a este en la tercera. Decir que la corrida inaugural presenta un lleno hasta la bandera, y el primer toro que se lidio en esta plaza llevaba por nombre “Ranchero” negro listón, pero fue el cuarto de la tarde de nombre “Corchete” al que se le corto la primera oreja en la Glorieta a manos de “Torerito” por el contrario Mazzantini fue abroncado, y el señor Francisco Giron Severini alcalde de la ciudad lo llamo al palco para reprender su actitud, por este hecho el diestro no volvió a esta plaza hasta el año 1902. No termino bien la feria. Y, el 13 de septiembre, con los mismos toreros más “Jarana” y, cuando el quinto toro de la tarde venia realizando una notable pelea en varas, al presidente Sr. Severini se le antojo ordenar que tocaran a banderillas.
Protestó él público y empezaron a caer al ruedo algunos “proyectiles” mientras pareaban Antonio Guerra y “Mojino”, protestas que arreciaron al empuñar “Torerito” espada y muleta; en vista de tales “razones”, subió dicho diestro al palco presidencial para advertir al alcalde las dificultades que se oponían al cumplimiento de su deber, y en aquel preciso momento se persono en dicho palco  el gobernador civil de la provincia, el cual hizo que el Sr. Girón Severini abandonara su asiento para ocuparse él, de presidir el festejo hasta el final, a cuyo efecto empezó por revocar lo ordenado anteriormente por el presidente depuesto, e hizo salir de nuevo a los picadores, para que pusieran al toro una vara más.
            ¿Habrá que decir que los espectadores tributaron una ovación al gobernador? Lo que no sabemos, es si el alcalde presenta la dimisión de su cargo o tomo a broma lo ocurrido. Lo que sí se sabe, es que nunca se registro un caso igual en plaza alguna. Por cierto aquella tarde llovió a modo. Con este caso, se estrenaba la plaza.
            Como ven, hay en esta plaza de la Glorieta diversos hitos que señalan las épocas de la misma. Al mismo tiempo hay en el desarrollo de su protagonismo en la Fiesta un enorme caudal anecdótico y de episodios más o menos trascendentales, que han contribuido en formar un ambiente determinado. Es, en esos sucesos y casos ocurridos, el caudal al que frecuentemente recurrimos para publicar artículos como el que me ocupa hoy. No me atrevo a pronosticar, que otros tiempos taurinos, sean mejores o peores, - sino, que son otros -. Lo que sí puedo afirmar, es que, hace muchos años y desde que la Mariseca se hacia presente en lo alto del Ayuntamiento y aparecían publicados los carteles de feria y toros, en Salamanca comenzaba a vivirse un desasosiego en sus gentes, incluso, se observaba que sus estados de animo, eran  más desenfadados, optimistas y graciosos. ¡Aquella Salamanca en ferias, donde era imposible sustraerse del ambiente de un día de toros, donde todo el mundo se enteraba y terminaba por ir a la plaza! En sus aledaños, había tanta gente fuera como dentro, ¡iban a ver cuánto fuera posible, el oír  vibrar los -olés –, o el grito trágico de la cogida, o, simplemente ver pasar el coche de toreros y cuadrillas!
            Era aquel transitar de la Plaza Mayor a La Glorieta “(a la plaza, eh a la plaza...)”, autobuses destartalados llegaban de los pueblos cercanos, tan abarrotados que, hasta su portaequipajes era ocupado por los mozos. Aquella estampa de Torres Villarroel en tarde de toros, donde en la conversación de caminata, no se hablaba más que de la corrida, a veces conservando el hervor del entusiasmo y comentando fervoroso y apasionado, lances, incidentes, faenas de los diestros, ritmos de la lidia, juego de los toros... En otras ocasiones, la frialdad, el hastío, el cansancio y  el silencio de la muchedumbre, era todo un curso de desencanto. Los que esperaban el desfile de público, notaban por las medias palabras, en los gestos y ademanes cual había sido el resultado de la tarde taurina. Siempre habrá cosas que se mantengan, que puedan ser las mismas o mejores, ¡Pero aquellas tardes de toros, se han borrado por completo y para siempre, y los que conocimos esos tiempos lo hemos de sentir!
            Dicen, que las añoranzas encierran tristeza; pienso, sin embargo, que añorar es rendir tributo al recuerdo de las cosas agradables, que de uno se han ido alejando, y, que tal añoranza del pasado tiene para muchos, un especial sentido espiritual. Después de estos apuntes, la Glorieta vera de nuevo el acontecer de una nueva feria y a buen seguro que, un nuevo episodio pasara a formar parte de su historia.


                        Fermín González Salamancartvaldia.es         blog taurinerías