Monday, August 28, 2017

MANOLETE 70 AÑOS DESPUES

AL HILO DE LAS TABLAS
MANOLETE 70 AÑOS DESPUES
"Córdoba lejana y sola. / Aunque sepa los caminos yo nunca llegaré a Córdoba. / ¡Ay, que la muerte me espera!, antes de llegar a Córdoba. / Córdoba lejana y sola."

La muerte, tomo una novia, le esperaba impaciente en Linares, agazapada entre los cuernos de "Islero", para abrazarse con él a las seis y cuarenta y dos minutos de la tarde del día 28 de agosto de 1947. Y ya no lo soltó. Enfermería, éter, transfusiones, caras largas y entristecidas, augurios funestos. Horas trágicas. Esperas interminables. Hospital. Madrugada... Frases entrecortadas, lágrimas, sollozos,.. Manolete se está muriendo "No siento la pierna..." Un sacerdote le pregunta: "¿Quieres confesar?" "Si, padre." Después de confesar le dice al sacerdote: "Padre, ¡no veo!" ¡Estaba tan cerca de la eterna luz!... Eran las cinco y cinco de la mañana del 29. Otros dicen que las cinco y siete, otros que las cinco y tres minutos. Es natural, cada uno miró su reloj. Pero esto no importa. Manolete andaba ya por donde los relojes no cuentan.
Un ídolo, acaso un símbolo. Acababa de morir corneado por un toro, y esto conmovió, puede que, incluso más, fuera de la órbita taurina, y que esta se sintiera con mayor intensidad. Eran tiempos de miseria, la guerra civil quedaba atrás, pero no sus dolorosas secuelas. Manolete procedía de una familia, cordobesa modestísima y sólo podría uno sacudirse la pobreza alcanzando un puesto relevante en el mundo de los toros

. Difícil era la empresa, que por aquel entonces muchos intentaban. Quizá hasta le pareciera imposible al propio Manolete, cuyas limitaciones resultaban demasiado evidentes, con aquellos gigantes del toreo que lidiaban con éxito en los principales ruedos. Veteranos toreros que habían actuado en la década de los treinta, se les consideraba invencibles. Pues le sobraban arrestos para enfrentarse con aquellos toros de apabullante trapío. Los jóvenes, se habían curtido en los años de posguerra y tomaban la alternativa dominando una técnica, que quizá llevaban en los genes, pues eran toreros de dinastía.
Pero Manolete, no estaba ayuno de condiciones para torear. Antes bien, tenía dos primordiales en el toreo: un pundonor indomable, un valor a toda prueba. Las características de los públicos, también influyeron. Las Ventas empezaba a dejar de ser aquella fría cátedra que no dejaba paso a las emociones. La guerra trastoco al país, y muchos fueron los movimientos migratorios, que se asentaron en la capital, al igual que en otras muchas, y en cuantos a toros se refiere, estos públicos tenían enorme afición, más no concebían el espectáculo desde el análisis o la crítica, sino como una fiesta.
El torero hierático de Manolete, caló entre las masas más populares y lo elevaron a figura. La hondura de los Bienvenida, la gracia de Pepe Luís en las suertes, la lidia poderosa de Ortega etc., colmaban las expectativas y las exigencias de los aficionados. Pero el valor seco de Manolete, el dramatismo de su toreo, enardecía muchas tardes a las multitudes. Manolete, era una leyenda viva. Su competencia con el mexicano Arruza constituía una realidad y una ficción, porque evidentemente convenía al espectáculo.
. Luís Miguel Dominguín le había retado, la determinación competidora del joven, guapo, desvergonzado y combativo, torero, puso sombras en las actuaciones de Manolete aquel 1947, si bien cosecho triunfos, también fueron broncas, acusaciones, insultos de inusitada dureza. Y así vencía la temporada  hasta la tarde agosteña en la que alternaría con ese Dominguín en el cartel.
            Dominguín no tuvo culpa de nada, por supuesto. Manolete entro a matar con la pureza de siempre, y el miura le rompió la ingle y provoco un grifo de sangre. Demasiada para no aterrorizar a cuantos cuidaban de Manolete. Por ese miedo y por esa hemorragia perdió quizá la vida. “Don Luís, que no veo” dicen que también fue el miedo lo que mato a Joselito en Talavera y a Sánchez Mejías en Manzanares y… el miedo; un sentimiento que humaniza la grandeza del toreo, porque donde hay gloria, hay tragedia. Y a veces se juntan ambas, como aquella tarde triste de Linares.-

                Fermín González salamancartvaldia.es                        blog taurinerías


Tuesday, August 22, 2017

GRANDEZA

AL HILO DE LAS TABLAS

  GRANDEZA
            Una de las mayores grandezas del toreo: Es, saber elegir el momento de su despedida de los públicos y plazas, en las que, durante un tiempo pudo ser, o fue el héroe, que consiguió vencer al toro y convencer al publico.
            Es, posiblemente uno de los momentos más emocionante en la historia del toreo, la despedida, y saber hacerlo en ese punto crucial de la carrera de un torero, no es empresa fácil
tomar tal decisión. Tan solo el propio torero, debe encontrar ese punto de equilibrio entre él publico y el toro, y cuando ha de atravesar por ese alambre milagroso sobre los dos abismos.
            El torero, se resiste a una retirada total de los ruedos, al aplauso, a la emoción, a los trofeos, a colgar su terno grana y oro para siempre, a decir adiós a lo que más quiso y amo en su vida, aunque en no pocas ocasiones esa vida estuviese marcada con dolor, injusticia, incomprensión, responsabilidad e incertidumbre. (Si volviera a nacer, seria otra vez torero)- se dice a sí mismo. –Pero; no son pocos los toreros que, incluso, cuando no se les ha echado de menos, y los públicos no lo han demandado, deciden volver. Y: ¡Cuando vuelven de nuevo, ya no es lo mismo!, y comienzan las especulaciones de los públicos.  “¡Ya no es lo que era!” “¡A que vuelve este ahora!” “¡Con el dineral que gano!” “¡Vuelve por dinero!” “¡Se le ha diluido el valor!” “¡Quién te ha visto y quien te ve!” etc., etc.
 Y, un día cualquiera, -volverá-. Volverá y dirá: ¡tan solo fue un descanso! ¡La necesidad de un poco de reposo! Es el razonamiento que, no pocas veces se argumenta para su reaparición. A, esas segundas partes, que, en ocasiones fueron buenas. Sería una excepción que esta  temporada, no se anuncia alguna  retirada, no sea anunciada la reaparición de cualquier diestro veterano, o algún otro que se haya tomado un tiempo de reflexión.- Dejando aparte  el caso de José Tomas del cual ya no sabemos (cuando se va, cuando vuelve y, en que momento nos anunciara la sorpresa).  El otro caso, parece ser el de Paquirri II y la repentina retirada de Morante, acuciado de no sé cuántos razonamientos después veinte años  en activo, esto está dentro de una lógica normalidad, lo de J.T es cuanto menos sorprendente. ¡Pero!... sus razones tendrán, cada uno, y hay que aceptarlas. Ahora bien lo que no es de recibo, son los argumentos que no pocos esgrimen a la hora de volver a pisar los ruedos (a pesar de que nadie se lo cree) en la primera entrevista que se hace. Al preguntarles por el motivo de su vuelta a los ruedos;  muy ufanos, y serios responden “No volvemos por dinero” (ja, ja, -Lo hacemos, por un arranque de desmedida afición. Por realizar aquello que no hicimos. Lo hacemos movidos solo por los mejores deseos de ganar el afecto, reconocimiento y respeto de compañeros y afición. Lo hacemos para demostrar y probar nuestras calidades taurinas. Lo hacemos por todo esto y por muchas cosas más ¿Pero por dinero? ¿Solo por dinero? No... ¡Y puede que tengan razón!.
            Amigos lectores, como han podido ver y seguro oído, en más de una ocasión estamos ante un serial de frágiles y débiles argumentos vestidos de grana y oro, con la que nos alumbran, aquellos que deciden volver a vestirse el traje de torear, incluso alguno de ellos sabe, que pocos, o muy pocos los han echado de menos en las plazas de toros. Me he atrevido, a frivolizar un poco en este comentario de hoy. Pero, también respeto su decisión de volver, porque simplemente ellos lo han querido así. Quizá pueda ocurrir que, los públicos no les admitan, si el triunfo no se vislumbra y llega con claridad. De sobra es sabido, que él público de toros, cualquiera que sea su grado de admiración que haya sentido por una figura consagrada, este mismo público, no tendrá piedad en vapulearlo, si no demuestra con su actitud él porque de su vuelta.
Los negros nubarrones de cualquier tarde, pueden caer sobre el reaparecido entonces los que antaño le aplaudieron con frenesí, comienzan a caer en sentimentalismos, las decepciones sustituyen a las esperanzas y comienzan a sonar silbidos, luego indiferencia, y, en el toro siguiente recriminaciones, insultos, amenazas y gritos de la plebe injusta y cruel.
            Vives un momento, horas, días, meses, años quizá. Cuanto más te resistes a interrumpir tu acción con mayor estruendo acabas. El aplauso es como el perfume de la flor; dura menos que la flor misma. Las despedidas, si no son la apoteosis del adiós de un torero. ¿Qué son?... (Guerrita fue un sabio, Guerrita no se despidió).


Fermín González salamancartvaldia.es                      blog taurinerias 

Friday, August 04, 2017

GOYA, PICASSO Y EL TORO

AL HILO DE LAS TABLAS
GOYA – PICASSO – Y- EL TORO

EL toro, su Fiesta, su circunstancia, su mundo y su trasmundo, ha tenido entre otros, dos geniales publicistas a escala mundial, y que todo el mundo conoce el uno Goya; Picasso, el otro.
Goya, notario de su tiempo, nos dejó en su pintura de tema taurino un testimonio, casi un reportaje. Es un ilustrador que narra con la técnica de los impresionistas la vida de los cosos taurinos. Así en su- Tauromaquia-, puede asistirse de la muerte de Pepe Hillo, enganchado por el pitón de un toro, volteado como una marioneta a la que le hubiesen cortado los hilos, ensartado por la boca del estómago, corneado fulminantemente en el vientre y el pecho perforado como por una bala trazadora.
Goya da fe de la tauromaquia  de su tiempo y glorifica al toro. No son los que el pinta, toros

derrotados, sino victoriosos; no están en reposo, sino en vértigo; no van a morir, sino a matar; están a punto de embestir, la testuz erguida, las patas escarbando en la arena y la cornamenta hincada en el cielo, o se han arrancado ya como un torbellino, o se resisten a morir, tambaleándose, borrachos de su propia sangre.
Goya pinta la noticia: la lucha del toro con el hombre, no la danza del hombre con el toro; el paso que, estilizado, será el tema de la pintura de Picasso. Diríamos que Goya hace periodismo y Picasso arte puro, que luego ha llegado a ser decorativo. Goya pinta el dinamismo de la Fiesta, la Fiesta en movimiento. Picasso, la Fiesta estática, reducida a esquema lineal y a geometría. Goya es barroco; Picasso retorna a los orígenes de Altamira. En las estampas goyescas de los “toros de Burdeos”, el movimiento tiene una aceleración vertiginosa; en algunas abstracciones de Picasso, la quietud cristaliza en fórmulas arcanas de jeroglífico y es como un conjuro. Recuerda a los “tótems” de las culturas rupestres.
El toro de Goya, es un generador de altas tensiones, un corto- circuito entre el destino y la sangre. Goya poetiza manejando las zonas de misterio y de sombra que hay en los lances taurinos, discrimina luces y sombras, valora las sombras con las luces y sitúa al toro en una perspectiva de misterio. En Picasso, el toro se define en una evidencia de formula geométrica
y, su tauromaquia es una serie de teoremas plásticos. Goya se apoya en la anécdota para descubrir una realidad profunda; Picasso se sume en el concepto para revelar la trascendencia y el simbolismo de unas líneas que configuran torero y toro. Nos da la sensación de que es el toro mismo el que dibuja los naturales y los pases de pecho; el toro toreando al hombre. En la tauromaquia goyesca se afirma una sensibilidad de naturaleza impresionista; en Picasso se oculta una sensibilidad intelectual para tramar, al socaire de una apostura enigmática, una aventura mediterránea.
En Goya se oye todavía el dejo de una copla de ciego: Este fue Joseph Delgado (alias Hillo), y es fuerza referir cómo su muerte ha sido.(…) ¡¡Oh quien pudiera tener la ciencia de Homero para poder componerla!!(..). En Picasso, la anécdota ha sido trascendida a la categoría universal. Lo que en Goya es noticia, él lo transforma en filosofía y, superando la naturaleza, crea y recrea el mito. Pero en Picasso y en Goya, la misma virtud que les consigna a las obras inmortales: la de la fecundidad. Por los siglos de los siglos, uno y otro recordaran la grandeza de la Fiesta de los toros, y para entender del todo el misterio taurino habrá que acudir a las acotaciones que estos dos geniales artistas han hecho del texto original sobre la pasión española por los toros, que viene de la entraña, de la tradición y perdura viva al filo de la espada, por ciudades, villas, lugares variopintos, que ambos vivieron en unas condiciones, un tanto semejantes, en cuanto a las contiendas, y guerras sufridas, y también ambos han sabido plasmar, con la diferencia de costumbres y avatares, que esta tierra y sus gentes, con tenacidad, esfuerzo heroico y patriotismo, hubieron de sufrir. Aquí también se hizo notar, al igual que ocurrió con la tauromaquia la singular personalidad y genialidad de dos artistas, que no morirán nunca.


Fermín González salamancartvaldia.es                     blog taurinerías

Monday, July 03, 2017

REVISTEROS Y CRÌTICA

AL HILO DE LAS TABLAS

 

REVISTEROS Y CRÍTICA

La primitiva crítica se limitaba a dar la noticia de que se había celebrado una corrida. Después,




empezaron a dar detalles, hasta llegar a aquellas reseñas minuciosas, en las que sin olvidar el nombre, pelo, numero y rasgos físicos de cada toro, adornos del traje de luces, sus nombres o apodos de los toreros y picadores; se precisaban  el numero de puyazos, numero de estocadas o descabellos, así como hacer constar las reacciones del publico, palmas ovación, orejas, pitos o broncas etcétera.... Todo era reseña; aun no había crítica propiamente dicha. El revistero contaba lo que vieron sus ojos; pero no decía esta boca es mía.
            Andando el tiempo el revistero se hizo crítico. Y, sin abandonar el detalle, comenzó a exponer su opinión, muchas veces contrapuesta al público – y muchas veces apasionada – noblemente a pasionada -. Cada uno tenía sus preferencias, y claro alababa lo que se ajustaba a sus preferidos. La critica dio un paso importante y se hicieron compatibles la reseña y la literatura; y el lector se enteraba de lo que había ocurrido en la plaza, y se recreaba artísticamente saboreando la prosa florida y las bellezas del lenguaje, lo mismo empleadas para ensalzar que para censurar; hoy... (Salvando las consabidas excepciones) porque sabemos que las hay, aunque en algunos casos no quieran reconocerse (no se pueden medir a todos por el mismo rasero). Es un defecto de la critica actual – o a mi me lo parece – que a los mayores protagonistas de la corrida, se les trata con una excesiva benevolencia, y que muchos escribidores se pierden en un  entramado de definiciones y vocablos, con el fin de disimular y disculpar en mayor medida al torero, y se habla de las dificultades del toro, que casi siempre tiene la culpa de que el torero no redondee la faena.; siempre hay una disculpa, el toro, la actitud del público, el viento, la espada, la voltereta, etcétera. El caso es que en la mayoría de reseñas nos encontramos, que en estas siempre se añade un grado más al orden de méritos alcanzado por el diestro. Y esto no es más que componendas antitaurinas, que se alejan del rigor, la seriedad y honestidad que deben estar bien presentes, de quien ejerza la crítica.
            Se puede y se está en derecho de exigir de la crítica, que mantenga sus formas vivas, que conserve su entusiasmo, que asuma su misión y de con precisión los elementos útiles para una apreciación lo más exacta posible; que evite perderse entre tópicos, y el confusionismo más estrafalario, lo cual no es edificante para la formación del lector  a los que se debe llegar reforzando su interés con los argumentos del comentarista o critico libre y reflexivo, que demuestre a su vez una buena dosis de prudencia,  conocimiento. No es licito, imputar al ganado la flojedad del torero, aunque sea eventual, no matizar cuando una faena se eleva por encima de lo normal, o no sale de la mediocridad, justificar al matador sin suerte con la espada, que ha fallado porque su valor se ha derrumbado a la hora de la verdad etcétera, etcétera. Todo ello da la pobre impresión, de no discernir entre una tarde de toros y la vulgaridad más cómica.-

            Fermín González Salamancartvaldia.es    Blog taurinerías

                         

Sunday, June 18, 2017

DE ROSA Y ORO

AL HILO DE LAS TABLAS
 DE ROSA Y ORO

Mírame como vengo / Tan sin sangre / Blanca mi tez morena / (Alberti)

El toreo, es la profesión idónea para representar  el tan manido tema del éxito repentino y transmutado de personalidades y ambiciones, seguidas del consiguiente fracaso desolador o incluso redentor, que devuelva al protagonista a su inicial estado de sencillez y honestidad originales. Infinidad de veces hemos visto esta  historia, en decenas de ocasiones hemos asistido a las crónicas de perdedores, de toreros que han perdido, la ilusión, el sitio, el valor en que suele consistir  el toreo,
pero por más que hayamos sido testigos y veamos la misma historia contada una y otra vez,  las  escenas resultan en ocasiones  excesivamente duras para un matador que ha tenido el éxito y el reconocimiento en su carrera. Fandiño era ese hombre enfundado en su traje de luces,- Rosa y Oro- serio, cabal y consecuente que había conocido la miel y la hiel de esta dura y zozobrante profesión de lidiar reses bravas, estaba aún en ese trance, de volver a engancharse al carro de los elegidos. Pero el toro, que no entiende de triunfos y derrotas hundió su pitón en el cuerpo de Fandiño, y  llego su día fatal, muriendo. Y como siempre un fotógrafo (Igor Gaica) logro la fatídica y dura  instantánea.
Uno como aficionado, siempre tiene un recuerdo, para aquellos que cayeron en los ruedos. Es la suya, una muerte bella y trágica, que añade nuevos y legendarios perfiles al patetismo que todo transito lleva consigo. Los toreros que mueren así, en la plaza, adquieren ya la credencial para entrar en el romance. El espíritu popular y novelesco hermanó siempre a la Fiesta y a la muerte; y en ese espíritu solo adquieren vigencia los diestros que caen en la arena frente al toro. En definitiva, para el alma imaginativa de los públicos taurinos - de todos los públicos en realidad - supervive mucho más el torero, que encontró esa forma de muerte. No importan demasiado, la calidad del arte, los valores auténticos del modo de torear, la personalidad, el estilo. Lo que queda por encima de todo esto; es, aquella dramática belleza de la muerte frente al toro. Por ello entran más en el romance, aquellos que se entregaron a la cita, que la muerte ha hecho en el ruedo del sureste francés; Aire Sur I´ Adour- una nueva plaza se une, muy seguida a la de Teruel, la tarde en Talavera... Aquel día en Madrid... Aquel día en Linares... La tarde angustiosa de Pozoblanco... De la Maestranza… Colmenar… de Bezziers. o ese recóndito pueblo de México… etcétera.
Se mantiene este recuerdo, porque está abonado con sangre, y porque en esa esencia de riesgo, emoción y romance se sustenta la razón de la Fiesta. Incluso la de hoy, esta cimentada en la trágica historia, en el romanticismo, en las luces y en las sombras, aunque muchos lo ignoren. Porque bien sabe el torero como hombre, que puede caer mortalmente herido en el ruedo, y para ello es preciso que el torero esté preparado, como a lo largo de la historia han demostrado muchos de sus protagonistas para ese momento final, para esa otra hora de la verdad, dolorosa y cruel. Haciendo buena la afirmación: “Morir gloriosamente es una bendición de los dioses”. Según el poeta griego Esquilo, padre de la tragedia.
Ahora Fandiño, te esperan a su mesa aquellos, que como tu regaron con su sangre la arena, para cubrir una nueva página de la tauromaquia. Que Dios te bendiga.
           

Fermín González Salamancarvaldia.es

Wednesday, June 14, 2017

PUBLICOS DE VER O MIRAR

AL HILO DE LAS TABLAS
                                            PÚBLICOS   DE VER O MIRAR 
           
-“Hay que distinguir, cuando se habla genéricamente de afición, porque no toda es igual. Muchos son, los que acuden a las plazas y asisten con frecuencia a los espectáculos taurinos de feria, pero sin interesarles gran cosa los antecedentes taurinos de una ganadería, las razones de la evolución del toreo, males de la tauromaquia, las escuelas, la misma historia de las figuras más renombradas  y de prestigio; poco conocen del reglamento, y son vacilantes de criterios.-“

Sin embargo, son los públicos que más gustan a los toreros, y mucho más a las empresas, porque estos contribuyen a la buena entrada, ocupando a mayores las localidades de más alto precio, son aquellos, que en una corrida, no se andan con remilgos a la hora del aplauso y de agitar su pañuelo en demanda de orejas y rabos. Acomodados en sus asientos, otean si han venido sus amigos y conocidos, saludándoles con efusivo y exagerado entusiasmo.
La mayoría de los públicos que hoy asisten a las plazas de toros, ven o miran la corrida, con ojos inseguros, con esa ternura de niños que tiene los hombres. Algunas veces; la mayoría de estos espectadores la ven o la miran también con esa candidez infantil, con deslumbrada admiración. Tal vez, a la reducción a la que se llego en los últimos años, en cuanto a la casta, fiereza y poder del toro, y sobre todo la exquisita selección que se ha logrado en orden de nobleza, suavidad y franqueza de su embestida, ha hecho posible un toreo a distancia inverosímil, suprimiéndose del espectáculo el aspecto de lucha, dominio y poderío que la lidia del toro con codicia, genio, encastado, bronco y más difícil, hacia resaltar. Pues bien; tales factores han convertido al torero lidiador en artista; al maestro, en protagonista de bellos desplantes. A ello ha contribuido la formación de un publico nuevo, con marcado carácter, delicado, sensible, muy correcto, sentimental incluso, exhibicionista, pero indudablemente de psicología y preparación distinta al que tradicionalmente venia asistiendo a los cosos taurinos, y contemplar a la emocionante oposición del bruto instinto del toro, a la inteligencia y oficio de un valiente, dando un curso de sabiduría torera y saber, en el arte de lidiar reses bravas. Pero este aficionado esta en franca retirada, y va quedando este publico, representante típico de una gran mayoría,  en que todo esta “requetebién”. Únicamente se disgusta, cuando las cosas salen a gusto del aficionado curtido, cabal y entendido, que no exagera lo malo, pero no lo oculta, que ve la corrida con el cristal de critico, y con añeja perspectiva histórica, y mientras este aplaude al toro que se arranca de largo, que aprieta en el caballo, que galopa en banderillas y se emplea codicioso en la muleta. El ingenuo que solo mira, le disfrazan la realidad y, se acopla a esa muchedumbre, que aplaude con frenesí el adorno, las posturas, lo fingido, lo adulterado y el oropel, sin señalar y exigir, las suertes cruciales de la lidia, así como la integridad del toro…¡Claro que, estos entusiastas gustan mucho, a muchos!… Debe ser la crítica taurina, la que emprenda esa labor de denunciar con fuerza y constancia, la que tienda a reducir tanto corte de apéndices tan de moda en esta época y sobremanera, aquellos que tan alto hablan en muchas ocasiones de las ventajas y seguridades, de que se rodean actualmente las figuras del toreo. -¿Cómo sino, se pueden premiar faenas que no pasan de ser una exhibición del toreo más vulgar que se pueda concebir? ¿Dónde está la crítica, donde la afición, donde la autoridad? – Y quien lo sabe…       


            Fermín González Salamancartvaldia.es     (blog taurinerías)                                             

Monday, May 08, 2017

NIÑOS TOREROS

AL HILO DE LAS TABLAS
NIÑOS TOREROS

En el mundo taurino se cree que entre más joven mejor se aprende el arte de torear, pues a esa edad no se es consciente de los peligros ni miedos, argumentan los defensores de la tauromaquia.
Mientras que en países como España se prohíbe que menores de 16 años toreen, en México la práctica de los niños toreros es bien recibida entre el gremio taurino y parte de la sociedad.
 No es extraño que por tierras mexicanas, nos lleguen noticias, de la llegada a los ruedos de varios niños toreros. También nos ocurre en España, donde las escuelas taurinas se ven niños, “jugando” al toro,  parece ser que esto  conmociona a muchos medios de comunicación, y que estos faltos de conocimiento histórico, con hipócritas aspavientos se lanzaban a la “yugular de la Fiesta taurina, y, nos sitúa históricamente en el viejo problema de si los chiquillos deben o no ejercer el arte de Juan Belmonte.
            En cualquier profesión intelectual, artística, manual, deportiva etcétera, siempre han surgido más o menos espaciadamente los llamados niños “prodigios”. La precocidad se manifiesta como adelanto irrefrenable de una predisposición inherente para determinada profesión. Los nombres de los niños (por edad), en cualquier materia de las anunciadas, serian interminable. Pero, a modo de recuerdo citare alguno de los más recientes, de los que hoy presumimos, y que se iniciaron de muy corta edad en sus profesiones, tal son los casos de Nadal, Pedrosa, Márquez, Messi, Alonso o el Juli; todos pueden servir de ejemplo  niños adelantados y que se descubrieron a esa edad temprana con unas cualidades extraordinarias, y una desmedida afición y dedicación para llegar como bien se ha comprobado a lo máximo-(“ es decir, el hijo que todo el mundo quiere tener”)-. Sin embargo; existe la creencia popular-(vivimos de tópicos) de que los niños no llegan a cuajar en lo que prometen. Se dice que el niño prodigio hace en la infancia cosas de hombres; pero, precisamente cuando pasa la pubertad, es cuando se trasforma en un hombre vulgar, en esa dedicación para la que apuntaba excelentes cualidades en su infancia. No dudo, de que posiblemente haya casos así. Pero esta totalmente demostrado, que el niño que sobresale, llega, por supuesto, si se cultivan esos valores cualitativos innatos a cimas verdaderamente insospechadas. Si nos concretamos al aspecto meramente taurino, hemos de hacer importantes consideraciones – ¡quizá no tantas ¡- respecto a otras especialidades en la que se corre riesgo y peligro de la integridad física, y siempre se ha de contar con esa importante salvedad. Lo cierto es que, a través de los tiempos, los niños toreros brotaron siempre en la historia de la tauromaquia, desde “Machaco” a este “Marco que nos tiene encandilados con su desparpajo, y unas cualidades sobradas respecto a chicos de su edad, han sido chicos como él los que fueron siempre el alma y la cantera inagotable de esta Fiesta, no ha sido la edad freno, para ejercer la profesión y para vestirse de luces a tan temprana edad. Seria innumerable la cantidad de niños que comenzaron jugando al toro, también los que por dinastía y,  encontrando el sabio consejo del padre seguían sus pasos. Nunca comprendí a los padres que trataron de imponer a sus hijos una profesión. Pero, en cambio, se me antoja más duro contrariar al niño que quiere seguir con rigor, y férrea voluntad el destino de su afición. Aunque sea en esta zozobrante carrera de lidiar toros.-
Esta añeja afición con trecientos años de vigencia por más que el protagonista, sólo cuente nueve-. El mocito acompaña el viaje del viento en el natural y no niega en la estampa que ha nacido en Ciudad Rodrigo (Salamanca). Juega al toro en esa misma época que otros niños juegan y se distraen con otras cosas, a este le corre por las venas sangre de novillero feliz. Tomen nota -por si la historia- Y pidamos que en beneficio de la Fiesta emocionante y añeja, cese la prohibición, y aquellos que se sientan “escandalizados”, miren a la mayoría de los seres esparcidos por los cinco continentes artos de muertes sin suerte. Sin esa suerte que el chavea de la foto hace con la misma naturalidad que otros ensayan pegar tres tiros al lucero de alba, o cazar con el móvil…

Lo cierto es que la historia se repite, gracias a Dios.- Obremos con cautela...


            Fermín González.-Salamancartvaldia.es     Blog taurinerías